Era un fenomenal puente y estabamos decididos a pasarlo en grande.

Y asi ha sido. Para empezar, el sabado 5, quedamos en la Gasolinera Cary los unicos supervivientes de una tropa que iba a pasar el puente con nosotros, pero que por diversas razones, al final no han podido venir. En Jalón, pueblo que esta en la falda de la Sierra de Bernia, visitamos su tradicional mercadillo. Un rato muy divertido viendo los extraños cachivaches que la gente se pone a vender. Tambien cosas muy bonitas y originales, ropa y bisuteria. Despues, un tentempie, una visita a la bodega y con las fuerzas a tope, nos fuimos hacia las casas de Bernia.


Al llegar al aparcamiento vimos el coche de Juan Catalan, que junto a Maite y las niñas habian decidido subir al Forat, pero mas temprano. La sorpresa fué encontrarlos de vuelta a los pocos metros. Maite estaba pachucha y dejaron la ruta para otra vez.Despues de esto, ya solo nos quedaba subir y subir. Yo no conocia esta sierra y estaba pasmada. Lo agreste de la montaña y las vistas impresionates del mar me detenian a cada paso. Algo raro, porque yo soy de las que no paran para nada...jejeje....


En una hora ya estabamos en el Forat y no me veia capaz de meterme por allí, a rastras. Esos miedos infantiles....El Forat es una experiencia muy curiosa. Subes sudando por el esfuerzo y te das cuenta de que la unica forma de seguir es meterte en el agujero que aparece casi sin esperarlo. Ademas, hay una corriente de aire asombrosa, casi te quedas helado. Menos mal que el agujero va creciendo y en unos minutos apareces al otro lado, como si fuera la boca de una ballena, con toda la bahia delante, con la inmensidad del mar, con la Serra Gelada a la vista....Es un momento fantastico. Unas fotos, una momento de conversacion y al rato empredimos la marcha. Esta cara de la sierra era muy diferente. Estaba tan soleada, tan luminosa que deslumbraba. Un camino que bordea la sierra y que a traves de pedreras y torrenteras nos lleva hasta el Fort de Bern. Se trata de una antigua fortaleza militar que pronto fué abandonado porque era demasiado fácil de invadir...¿¿fácil?? Si que eran valientes los invasores, si.


Alli, con unas vistas fantasticas, decidimos comer. La comida sirvió para tener una charla amigable, divertida y que nos vino bien para descansar un rato. Ya eran casi las 4 de la tarde y rapidamente nos pusimos en marcha. La vuelta nos sirvió para ver un rebaño de cabras blancas, típicas de esta zona y que no sabemos si son salvajes o domesticas, pero estaban en las crestas de la sierra y no se veia ningun pastor junto a ellas.

De ahí a las Casas de Bernia y a los coches solo fué un paseo que hicimos en agradable conversación. Y esta vez fué diferente, en vez de despedirnos hasta la próxima, nos despedimos...hasta dentro de un rato. Al llegar al hotel empezo otra fase de las vacaciones, la de compartir charlas, cenas, partidas de cartas y paseos. Pero eso es nuestro, y lo guardamos para nosotros...Han sido unos dias fantasticos.